Mi viaje por la Carretera Austral

Tuve la suerte que desde chica mis papás me han llevado a muchos viajes, y no digo viajes como Disneyland o cosas así. Desde que tengo uso de razón que mi papá cargaba el auto con muchas cosas, mi mamá me arreglaba una mochila con pocos juguetes y mucha música, en ese tiempo era el famoso walkman, porque soy de esas personas que sin música se empiezan a desesperar y el mundo se le apaga, por eso siempre con música en mis oídos, y empezábamos el camino: Tengo recuerdo del Norte de Chile, La Serena. Pasaron los años y los viajes implicaban el hacer camping, mi papá tenía una casa rodante espectacular, según el sólo habían tres en Chile y que eran traídas de Dinamarca. Hasta el día de hoy le creo. Fui creciendo y mi mamá me dijo que primero tenía que conocer mi país antes de ir a otro para así mostrar Chile y decir con orgullo que conozco de Arica a Punta Arenas (claro que me falta la Antártica y las Islas, pero para allá voy).

Por otro lado tuve la suerte que buena parte de mi vida se ha desarrollado en la Region de Magallanes, pero esa es otra historia. Gracias al colegio y sus típicas giras de estudio conocí el Norte Grande de Chile, no me gustó, siempre fui de bosques y paisajes verdes. El norte para mí era un desierto con mil grados de calor, mucha arena que se te metía en la boca y que no había vida porque era muy seco. Ahora que crecí, me gustaría volver a reencontrarme con esos lugares y ver que en verdad no era tan feo como me lo había planteado cuando tenía 15 años. Yo por mientras era feliz entre los bosques verdes, el olor a tierra recién llovida, los pajaritos cantando entre los árboles, la gente del sur y sus comidas que me llenaban la guata como tres días seguidos. Me crié en ese ambiente de gente sureña, de la gente preocupada que te abraza y que te saluda en cada esquina de la ciudad, que si te ve en la calle te sube al auto y te deja en la puerta de la casa. Como dicen por ahí: qué lindo es el Sur de Chile!, pero esa también es otra historia.

Pasaron los años y por vueltas de la vida decidí hacer la famosa Carretera Austral. La hice con un compañero que nos apañamos mucho por muchos meses y aunque por cosas de la vida ya cortamos lazos, no me arrepiento de haber viajado tanto a tantos lados como lo hice con él. Habíamos ahorrado lo suficiente (dije habíamos ahorrado porque entre los dos trabajamos mucho y el pozo de plata era una especie de pozo común) ¿Cuánto dinero teníamos para hacer este viaje? casi un millón y medio entre los dos, sin contar que ya nos habíamos equipado con lo necesario, una buena carpa de esas 5 estaciones esas que puedes ir al Everest y no te va a pasar nada, ropa técnica, mochilas especiales, sus buenos zapatos que no les pasaba el agua, porque claro, según nosotros íbamos a Hacer Carretera Austral mochileando, haciendo dedo…en invierno INVIERNO!!!! grave error .

Ok, démosle, total es ahora o nunca, nos organizamos, en total sería casi un mes viajando desde Santiago hasta Puerto Natales, ciudad donde vivíamos. Me acuerdo que una noche organice todo bajo los efectos de dos botellas de vino, un par de cigarros y buena compañía. Primer tramo, era un bus hasta Puerto Montt de aproximadamente 12 horas, un bus…. a las 4 horas de viaje ya tenía, como dice el buen Chileno, la “raja cuadrada”. En Puerto Montt estaría mi primo con su familia, entre ellos, mi ahijado esperándonos; la idea sería pasar a la Isla Grande de Chiloé en donde vivía mi primo, Lago Huillinco, pero como estábamos en Puerto Montt y andábamos en auto, aprovechamos de pasear, fuimos a la Caleta La Arena, algo así como a 45 min aproximadamente de Puerto Montt. Dicen que la Caleta La Arena es la empezada de la Carretera Austral, nosotros como buenos Chilenos no empezaríamos por ahí. Pasamos el día en este lugar, habían empanadas, pero yo quería cazuela, venía viajando 12 horas en bus y necesitaba algo caliente para el cuerpo. Después de pasar todo el día en este lugar, ya era hora de tomar el transbordador que nos llevaría a Chiloé. Cruzando el Canal de Chacao, nos agarró la noche y la verdad que mucho del paisaje no les puedo contar porque no se veía nada y ya venía a los cabezasos. Cuento corto, llegamos a Lago Huillinco pasada la media noche, solo necesitaba una cama y una ducha.

 

 

Caleta La Arena

 

En total, en Chiloé estuvimos casi 5 días, moviéndonos en los buses interurbanos para todos lados, visitando Dalcahue, Ancud y esos pequeños pueblitos, comiendo en esas cocinerías donde las viejas te cocinan con amor y te sirven platos de 4 kilos cada uno. A esas alturas ya había engordado 3 kilos entre todo el pan amasado, los famosos pulmays, pailas marinas y mil cosas chilotas para comer. Pero era hora de partir, dejar atrás a la familia que nos apañó por esos días, porque el viaje debía continuar. Teníamos dos opciones: Cruzar de Quellón a Chaltén, o cruzar desde Quellón a Puerto Cisnes. Averiguando, nos dijeron que en el Chaltén estaba la embarrada por el aluvión que había azotado a Villa Santa Lucía, y que mejor fuéramos directo a Puerto Cisnes. Hay que acordarse que era invierno y ya tenía la ropa húmeda. Pasamos dos días en Quellón esperando la barcaza para cruzar al otro lado. Quellón… ferias artesanales y mariscos y pescados, no tenía mucho atractivo turístico, pero no me importaba, para mí era algo nuevo que había que conocer.

 

Dalcahue

 

Decidimos cruzar directamente a Puerto Cisnes en una barcaza de 12 horas, sí… 12 horas, que era lo más parecido a haberse tomado media botella de tequila sin haber comido algo antes. Mi compañero creo que vomitó toda la noche (viajamos de noche). Nunca sabré si vomitó o no, pero fue muchas veces al baño. La barcaza era algo así como un bus con muchos asientos que no se reclinaban mucho… la verdad, es que cómodo no ibas, y como viajamos de noche, y a eso agrégale que la barcaza se movía como tagadá de feria artesanal barata. Estoy segura de que si hubiésemos viajado de día, tal vez habría sido diferente, pero daba lo mismo, la aventura había que vivirla y no me arrepiento de ese viaje en barcaza que me recordó a mis primeras borracheras sin control.

Puerto Cisnes: invierno, lluvia, frío….. combinación perfecta para mí. Y dónde nos quedaríamos a dormir? Obviamente como era invierno, era temporada baja, no habían turistas, es más… creo que los únicos turistas éramos nosotros. Pero como dicen por ahí, preguntando se llega, y llegamos a una casa familiar, donde la dueña era esta típica viejita gordita con cara de abuela buena para hacer pan amasado. Nos quedamos en su casa que era una especie de hostal con tres piezas y en cada pieza dos camas. Por fin, una ducha caliente y dormir bien.

Nos quedamos en Puerto Cisnes algo así como 3 días. En esos días, al ser temporada baja, estaba todo cerrado, pero daba lo mismo, algunos restaurantes de picadas locales estaban abiertos, y había mucho por recorrer y caminar. Solo lamento que la cervecería local estuviese cerrada. Los paisajes hermosos, era una mezcla de neblina  infinita, mezclada con olor a tierra mojada, olor a mar limpio (limpio porque han olido ese mar hediondo??, este era mar limpio). No había mucha gente en la calle, la verdad no, no había, solo gente local, a estas alturas el pan amasado con mantequilla era mi desayuno, merienda, almuerzo, once, cena y bajón nocturno, y no me arrepiento; bueno si, la sopita de luche de la dueña del hostal era una cosa maravillosa, pero su pan amasado en la mañana!!! ufales!. Recuerdo que si caminabas al costado de la ciudad, seguías un camino empinado te llevaba a una especie de mirador donde podías ver toda la ciudad. A esas alturas de la caminata, ya tenía barro hasta cerca de la ceja, no me arrepiento. Y si caminabas al otro lado de la ciudad, bordeabas el mar, hasta llegar a una especie de mini caleta con un par de barquitos. Se me había olvidado decirles que soy fanática de los animales, y tengo esa costumbre de hacerle cariño a cuanto animal vea. En el transcurso de lo que iba de viaje, y si mi acompañante no me controlaba, ya habría metido como 8 perros a mi mochila y dos gatos. A esas altura del viaje, y eso que no habíamos recorrido tanto, ya nos habíamos gastado buenas lucas en comer bien y estar en buenos alojamiento, porque claro, ya habíamos cachado que como era invierno, el flujo de gente era mucho menor, era invierno mucha lluvia, por lo tanto hacer dedo no era opción a no ser que quedáramos empapados por horas al lado del camino, al final era arriesgarse fisicamente en agarrar un buen resfriado y pasarlo mal, asi es que decidimos hacer Carretera Austral en forma “pituca”.

 

Puerto Cisnes

 

Ya era hora de dejar Puerto Cisnes y a la señora de los panes al desayuno y su sopita de luche. Volvería mil veces a Puerto Cisnes, espero que para la próxima, la cervecería local esté abierta. Próximo destino Coyhaique.

Tomamos un bus desde Puerto Cisnes a Coyhaique. El bus salía aproximadamente a las 7 am, como era invierno, amanecía tipín 9 de la mañana, por lo que en ese trayecto de horas me dediqué a dormir en el bus sin saber de mi existencia hasta que el mismo sol del camino me despertó. Solo podía ver paisajes verdes, montañas, ríos, lagos, montañas, verdes, árboles, animales, más paisajes verdes, mas ríos, y mi cara pegada al vidrio del bus (el bus parecía bus de gitanos me acuerdo, era una mezcla perfecta entre esas micros de Valpo que están llenas de cuanto santito exista, y una micro de esas amarillas que andaban por los 90 en Santiago. El bus sonaba más por sus adornos que por el motor y el camino, y me daba lo mismo; el paisaje que se veía a través de la ventana de este medio de transporte medio estrafalario era maravilloso. Lamentablemente, como íbamos en bus, no podíamos decirle al chofer que se detuviera a sacar fotos, pero aún así, tengo cada imagen grabada en mi mente. El día anterior nos habíamos preparado un cocaví, si… pan amasado con mantequilla. Imagínense comiendo pan amasado con mantequilla mientras miras tremendo espectáculo de la naturaleza en un bus de gitanos. Impagable. Los precios no me pregunten, pero ese bus era algo así como 10 mil pesos chilenos, o algo así. En la mitad del camino el bus paró en una especie de picada para comprar cositas para comer. Esta vez en vez cambiamos la mantequilla por un pernil, si… pan amasado con pernil de chancho. Ya iba como en los 5 kilos de sobrepeso y llevábamos como 10 días de viaje.

Llegamos a Coyhaique, es una ciudad, así como Punta Arenas. Había de todo, muy pintoresco con ferias artesanales, pero buscamos “altiro” un lugar donde quedarnos. Recorrimos casi toda la ciudad buscando un lugar donde quedarnos, y al final encontramos uno, el lugar se llamaba el Gaucho, era una hostal bien cómoda, bien limpia, céntrica y a la vuelta había una lavandería asi es que aproveché de mandar a lavar toda la ropa que ya con la humedad no olía muy bien. Salimos a recorrer, y llovía y llovía, pero todo para mi era perfecto. Recuerdo que estuvimos dos días en esa ciudad, de los cuales uno de esos días comimos sushi como para variar un poco la dieta del pan amasado. La plaza central de Coyhaique es bien pintoresca, y todos los paisajes que rodean esta ciudad me recordaba mucho a los paisajes rocosos de cuando estuve en Canadá, gigantes formaciones rocosas rodeadas de verdes frondosos bosques. También recuerdo que la ciudad siempre olía a madera, a bosca, a esa casa de un bosque en la cual tu entrabas y era como entrar a un bosque. Aprovechamos de ir al supermercado para abastecernos de comida para el día. Me daba dos duchas diarias, aprovechaba de ducharme como si fuera la última vez, el estar sentada muchas horas en un bus apretada no era lo mejor, y estar con la ropa húmeda no me ayudaba mucho, pero no me importaba.

 

Coyhaique

 

Era tiempo de dejar Coyahique, e ir a Río Tranquilo: las famosas Catedrales de mármol me estaban esperando. El bus se tomaba muy temprano en la mañana, tipín 6 am; el viaje era largo, aproximadamente 4 horas en un bus, en donde el camino tenía un sector de muchas curvas, pero aún así, seguía siendo hermoso, y como era invierno, habían muchos lugares que aún mantenían la nieve. También en el camino habían casas, típicas casitas de campo, donde el bus paraba a cada rato a entregar mercadería. Yo seguía babeando por la naturaleza que me acompañaba. En algunos momentos quedaba tan pegada con los paisajes, que de verdad no creía que estaba en Chile, y pensaba que era un sueño, que estaba en unos de estos países medios nórdicos. En serio, tienen que verlo en persona para creerme. Y derrepente, el Lago General Carrera, ahí donde murió Tompkins (dato rosa). El lago es tan grande que lo compartimos con Argentina, ellos lo llaman Buenos Aires. Este lago es gigante, gigaaaaaaaaaaaante, algo así como el lago donde está el Mounstro del Lago Ness allá por las Europas, pero en versión Chilena… mejorada obvio!

Llegamos Rio Tranquilo, demasiado tranquilo porque no habia nadie… en serio… pero me daba lo mismo. Al bajar del bus había un caballero ofreciendo desesperadamente un tour a las Catedrales de Mármol por 10 mil pesos por persona (no sé si ese será el valor en temporada alta). Al final lo tomamos y en este botecito en que no éramos mas de 8 personas, un botecito a motor que se movía bien rápido y que más encima el día apañaba completamente, no hacía frío, no estaba lloviendo, no había viento y el sol te entregaba ese típico calorcito de invierno, el bote agarró velocidad y yo me creía cual Kate en el Titanic con el pelo al viento y el agua tirándome gotitas, un espectáculo digno de reproducir para una teleserie barata de canal Mega.

Mármol, si, las Catedrales están hechas de mármol, pero no es el típico mármol de la cocina de la mamá, es un mármol que parece cemento y va cambiando tonalidades con los años, y que a raiz del agua y viento se formaron cuevas. La roca se erosionó, es hermoso, y depende mucho del día. Como nos tocó un día soleado, el agua era turquesa, y ésta reflejaba en el mármol, el cual se tornaba de un color medio azulado, era hermoso. Ahí aprendí que están las Capillas de Mármol que son todas estas formaciones rocosas cerca del borde costero; y está la Catedral de Mármol, que es la formación rocosa gigante gigantezca, algo así como una Catedral. Hay mucha fauna marina, muchas aves, hasta cóndores se pueden divisar a lo lejos. El botecito se metía entremedio de las capillas de mármol. Ya había pasado de creerme Kate de Titanic a creerme Jack Sparrow de Piratas del Caribe cuando iba en ese bote entremedio de unas cavernas, versión mejorada… obvio!. El tour duró casi dos horas, 10 mil pesos bien gastados, y como les digo, desconozco el precio en temporada alta. Era momento de buscar un lugar donde pasar la noche. Por recomendaciones, llegamos a una señora que tenía un camping hostal, donde podías cocinar. Era perfecto, agua caliente, cama calentita, y podías cocinar. Claramente esa noche comimos fideos con atún y crema… la crema le daba su toque gourmet. Durante el día, caminamos por los alrededores. Había una Copec y vendían completos, esa palta falsa es la mejor del mundo. Me hice amiga de muchos perros, el pueblo en sí es chico, muy chico, no hay mucho que ver dentro del pueblo, pero si alrededor de este, pero como no teníamos auto y no había mucho movimiento, sólo nos quedamos vagando felizmente por el pueblo.

 

Catedrales de Mármol

 

Sólo pasamos una noche en Río Tranquilo. Recuerdo que no había señal Movistar. Al otro día, la misión era llegar a Cochrane pero no había ningín auto ni bus que fuera hacia allá. Esperé en la Copec como tres horas para ver si algún auto salía del pueblo camino a Cochrane, pero nada. Hasta que derrepente llega una camioneta con un cabro joven, la chaqueta y la camioneta decían “Recorriendo Chile”, y dijo que iba camino a Cochrane y que nos llevaría sin ningun problema. Lo mejor es que este cabro
trabajaba en esta empresa de turismo, entonces era como tener un chofer y guía privado en un auto de lujo. No teníamos nada más que ofrecerle que pan amasado con mortadela. Agradezco al universo que nos haya tocado una persona como él. Nos explicó toda la Carretera Austral, cada árbol, animal, lago, río, mini pueblito, historia de Tompkins… todoo todoo todoo lo explicaba y paraba cada cierto rato para que pudiésemos sacar fotos. Conocí Puerto Bertrand, la confluencia del Rio Baker con el Rio Nef, la historia del Parque Nacional Patagonia. Cada kilómetro que pasñabamos era explicada con lujo y detalle por este cabro iluminado por el Dios de la Naturaleza, creo que se llamaba Bastián. El paisaje desde Río Tranquilo a Cochrane tiene una mezcla entre montes de pampa y bosques con ríos; sigue siendo precioso, imponente, algunas veces me costaba mucho enfucharme de que estuviéramos en Chile porque de verdad los paisajes eran espectaculares.

 

Saliendo de río Tranquilo

 

Confluencia Río Baker y Río Neff

 

 

Llegamos a Cochrane, y lo primero era buscar un lugar donde pasar la noche. Nos despedimos de nuestro guía y amigo ya personal. Con el tiempo me enteré de que estuvo en Puerto Natales y no lo ví. Ya en Cochrane, me dediqué a buscar un lugar donde dormir, había una hostal bien bonita, cómoda, calientita… era un poco cara, pero daba lo mismo, servían desayuno con pan amasado, cualquier cosa valía la pena con pan amasado. Cochrane en sí es un pueblito chico, su plaza me gustó mucho, le dan mucho énfasis al huemul, era como la capital del huemul, así lo entendí yo. En las afueras de la ciudad hay mucho bosque, recuerdo que ví un martín pescador, estuvo ahí parado mas de una hora, fue bien lindo. Y sí, otra vez la cervecería local estaba cerrada, y no vendían la cerveza en botella como para probarla; después pensé que bueno que las cervecerías estuviesen cerradas, me gusta mucho la cerveza y conociéndome se me calentaría mucho el “hocico” (a lo buen chileno) y seguramente terminaría tomándome sus buenos litros de cerveza, me curaría… y viajar con caña y perderme los paisajes no era una opción válida (acuérdense de esta frase porfavor)
Esa noche cené en un restaurante picada, harta comida con harto pan amasado con pebre bien picante. Esa noche me comí hasta lo que no debí haberme comido, caminar dos cuadras hasta el hostal fue mucho, solo quería dormir, pero no me arrepiento. Me acuerdo que ese atardecer fue uno de los más lindos que he visto, amo los atardeceres y siempre trato de grabar los que me gustan en mi cabeza… ese atardecer en Cochrane fue uno de esos.

Se me había olvidado comentarles que antes de empezar este viaje, teníamos que estar si o si en cierta fecha en especial en Caleta Tortel, ya que ese día saldría la barcaza hacia Puerto Natales, mi hogar. En Cochrane averiguamos cómo llegar a Caleta Tortel, y como era invierno, no habían autos, no habían mochileros. Lo mejor era irse a la segura y comprar un ticket de bus, un bus que no parecía bus, era más tirado a un furgón escolar. Ese día me alimenté bien con pan amasado y a esperar este furgón que iba directo a Caleta Tortel.

 

Cochrane

 

Ya había perdido la noción del tiempo, que día era, que número era, cuántos días llevaba viajando, cuánta plata había gastado. Solo sabía que estaba más gordita, pero era feliz. Cada metro de naturaleza era impagable, cada suspiro que daba era como llenarme de energías y buena vibra, cada momento que vivía con mi compañero en ese momento eran risas incontrolables, cada perrito que me encontraba en el camino era un alma tan noble, me sentía la persona más feliz del mundo, la persona más afortunada de poder realizar este viaje, sabiendo que me faltaron mil lugares que visitar pero prometía volver… era la promesa que me hacía a cada rato: prometo volver, prometo volver y la cumpliré.

El camino de Cochrane a Caleta Tortel fue una odisea, el furgón venía cargado de cosas esenciales para la comunidad. El camino era de tierra, asi es que de repente salían las manzanas y cebollas volando por el furgón. El tío del furgón se sabía el camino de memoria, literal… era como los choferes de Valpo… cero respeto con las curvas, más encima, los únicos turistas que iban en ese furgón era mi compañero y yo, las otras 4 personas eran locales y no creo que les interesaba el paisaje la verdad, asi es que así “cara de palo”, sin “pelos en la lengua”, así sin verguenza, le dije al chofer: “oiga tío, puede ir mas despacito, me gustaría sacar un par de fotos, y ver bien el paisaje”, y como buen sureño el tío chofer pasó de manejar a lo chofer de micro de Valpo, a una especie de carroza fúnebre, y más encima le dije que no era local, asi es que súmenle a la velocidad que íbamos, que el tío chofer se las dió de guía turístico, pero ese guía turístico no tan turístico, era el tío de las leyendas. Entonces en cada sector en el que íbamos avanzando, que obviamente eran paisajes que me llegaron hasta tal punto de emocionarme ante tal imponente belleza, donde no había nube alguna, el tío chofer dijo que la suerte de ver todo despejado sin lluvia y sin ninguna nube, era un milagro… por eso el tío chofer estaba tan feliz, parece que hace tiempo que no manejaba en tan buenas condiciones. Era tan lindo el día que durante el viaje paramos muchas veces en miradores a sacar fotos. Cada ciertos kilómetros, el tío chofer nos contaba leyendas, la típica leyenda de la novia que dejaron plantada y vagaba por el bosque buscando a su enamorado. La verdad que si a mí me hubiesen dejado plantada en ese bosque, me habría hecho una choza, y me pongo a vivir ahí. Después se puso a contar una leyenda de los duendes, a esas alturas entre tanta leyenda y pan amasado que le estaba mandando, pensé que los duendes me buscarían para darme en ofrenda al Dios del bosque por lo gordita que ya estaba.

No me dejaba de impresionar ante tanta belleza natural, de verdad les digo, tienen que vivirla, porque las palabras faltan para describir tanta belleza imponente, y sí, todo en nuestro país Chile. Todo todo era perfecto, el día, la música que nos acompañaba, los panes amasados, hasta los leyendas “chantas” del tío chofer eran perfectas.

 

Camino a Caleta Tortel

 

No recuerdo cuantas horas de viaje fueron, les mentiría, pero llegamos a Caleta Tortel.

Antes me hablaban de Tortel y me imaginaba a Pancho Saavedra, Lugares que Hablan, algo así. Y no estaba tan equivocada. Imagínense un cerro, tremendo cerro colina abajo, y abajo el cerro termina con el agua. Uno llegaba al tope de este cerro en auto, y Tortel no tiene calles donde transitan los autos, todos los autos quedaban “arriba” y bueno, había que caminar hacia abajo para llegar a las casas… y derrepente, empecé a caminar y ya, si ya sabía que Tortel era pasarela (en mi cabeza era una sola pasarela) equivocada estaba, todo todo TOOOODOOO era pasarela, eran pasarelas pasarelas y miles de pasarelas, y miré para abajo y una pasarela infinita que llegaba al agua (ah! sí, en el furgón justo venía una señora que su mamá tenía una hostal desocupada, asi es que ahí nos quedaríamos).

 

Caleta Tortel

 

Las pasarelas iban entre medio de casas de madera, de bosques, de lluvia. La hostal era genial, quedaba al costado del mar, era nueva y las únicas personas que se quedarían ahí serían mi compañero y yo. Por 5 días Caleta Tortel fue mi hogar. Primer día, ducha y a recorrer para aprovechar el día que había; y sólo caminé por las pasarelas más cercanas. Pero al otro día, me di cuenta que en verdad las pasarelas eran infinitas, cada pasarela llevaba a una casa, me preguntaba como pudieron haber construido una casa en medio de un cerro, una casa tan linda. Había una pasarela que llevaba arriba, a lo más arriba. Podías ver toda Caleta Tortel y los fiordos alrededor. Literalmente en la punta del cerro había una estació meteorológica científica abandonada, y las pasarelas seguían infinitamente, se notaba que algunas no eran muy transitadas ya que estaban con musgo y muy resbalosas, SÍ… “compré terreno” muchas veces, mínimo tres veces al día, por otro lado, las escaleras de las pasarelas infinitas eran lo mejor, según yo, ya tenía nalgas de acero… según yo.

Dentro de esos 5 días conocí a un biólogo marino, que hacía estudios de la fauna marina del lugar. Era joven y como buen joven, era amigo del dueño del bar. Fatal. La verdad que ya caminar entre tanta pasarela, bajar y subir, me estaba cansando y ya había echado por la borda el tener nalgas de acero, asi es que fuimos a comer pizza al bar, bar restaurante, de madera, hermoso, atendido por su propio dueño. Me compartió internet ya que no había señal, y me puse al día con mis amistades y familiares. Justo ese día nacía la hija de mi prima y más encima, mi hermano Sebastián estaba de cumple, asi es que había que celebrar, con qué? sí.. con cerveza hecha en Caleta Tortel. El agua era de la misma lluvia y humedad que se formaba, y era filtrada por las mismas rocas y musgos que habían, de verdad era una cerveza única, creo que la espera de las cervezas en los otros lugares fue pagada con esta cerveza… era fresca, con cuerpo, diferente a todas las que tomé alguna vez, y como buena cerveza artesanal, me curé como “piojo”. Pero no me importaba, mas encima el dueño del bar, Diego, tenía una nueva cerveza Porter que quería que probar, asi es que le dije que yo feliz le daba mi opinión. Después de esa cerveza no me acuerdo mucho, solo sé que mi compañero (también medio ebrio) me agarró y nos fuimos al hostal: ¿Se imaginan caminar bajo la lluvia ebrios como “piojo”, en unas pasarelas resbalosas?. Estaba resguardada por un perro que seguramente iba muerto de la risa por la situación deplorable en la que me había dejado esa cerveza. Al otro día, desperté con esas cañas pidiendo perdón, pero no importaba porque estaba en Caleta Tortel asi es que me mandé sus buenos panes amasados con mantequilla y a caminar. Ese día, después de subir y bajar escaleras, caminar por las pasarelas y llenarme de energías con la naturaleza que había alrededor, en una de las pasarelas había una cabañita muy chica de donde salía humo. La puerta estaba abierta, me asomé y estaba un caballero que estaba tallando en madera una especie de estatua. Conversando con él, me cuenta que es tallador de madera (Caleta Tortel es un pueblito que vive, principalmente, de la industria de la madera). Él había realizado casi todas las esculturas que hay en Tortel. Era de familia de talladores, profesión que pasó de generación en generación. Por lo tanto, si van a Caleta Tortel, fíjense detalladamente en todas las esculturas que hay, seguramente las realizó el caballero que conocí caminando por las pasarelas.

 

Caleta Tortel

 

 

Caleta Tortel es caro, me refiero a que los precios son inflados, un tomate te puede llegar a costar hasta mil pesos, en general la fruta y verdura son caras, y tal vez no son la mejor calidad. Encontrarás la fruta y verdura básica, como naranjas, tomate, lechuga, manzanas pero medias machucadas, marchita. Las mismas casas  te venderán pan amasado, sopaipillas, mermeladas caseras, calzones rotos, todo ese tipo de comidas caseras que al final son los alimentos hechos con todo el amor del mundo. Encontrarás de todo en los almacenes chiquitos que hay, pero con un precio mayor a lo normal.

Después de 5 días en Caleta Tortel, subir y bajar escaleras todo los días, conocer a su gente que te contaba historias y te recibía con los brazos abiertos, llegó el momento de ir a la última parte del viaje: La Barcaza que conecta Puerto Yungay (ahí se suben los autos), Caleta Tortel con Puerto Natales, un viaje de 41 horas aproximadamente, navegación tranquila a través de los fiordos Australes. El pasaje lo compré anticipadamente, más o menos con tres meses de antelación; era temporada baja por lo que la demanda no era mucha. Supongo que en temporada alta tienes que comprar el pasaje con la misma anticipación de cuando lo compré en temporada baja. El pasaje sale 40 mil pesos por persona, incluye las 3 comidas diarias: Desayuno, almuerzo, cena. Las comidas son porciones normales, asi es que igual te recomiendo llevar cocaví aparte para esos antojos que dan, como por ejemplo su pan amasado con mantequilla. Austral Broom (empresa de la barcaza), Crux Australis era el nombre de la barcaza, tiene en su interior duchas con agua caliente, baños que siempre están limpios; los asientos son butacas que están dispuestas igual que un bus, la reclinacion de éstas no es mucha, pero aún así, siguen siendo cómodas. Hay una pequeña sala de juegos para los niños, tienen un sistema de películas y videos cortos que puedes ver desde tu celular a través de una página web (el wifi que posee es sólo para poder ver la aplicación, por lo tanto no te puedes conectar a facebook o cosas así). Puedes salir al exterior cuando quieras porque tiene una especie de pequeña cubierta; también hay un mini kioskito, donde venden completos, algunos panes, galletas, cafés y bebidas…desconozco los precios ya que mandé a mi compañero a comprar, pero por lo que ví no eran tan caros. El viaje en sí es tranquilo, me refiero que la barcaza no se mueve así como en comparación de la barcaza que se usa para cruzar desde Quellón a Puerto Cisnes. Hace una parada en Puerto Edén, donde tienes la posibiliad de bajar de la barcaza y recorrer este pueblo que también tiene pasarelas, pero no tantas como Caleta Tortel. Esta parada dura aproximadamente dos horas. Los paisajes son maravillosos, islas prístinas verdes, miles de aves, lobos marinos… si tienes suerte puedes ver algunos tipos de cetaceos. Después de casi 41 horas de navegación, llegas a Puerto Natales.

 

Mi viaje por la Carretera Austral

 

 

Ese fue mi viaje por la Carretera Austral, sé que me faltaron millones de lugares que conocer, y que la época del año no fue la mejor por el frío, la lluvia y la poca gente que había (menos posibilidad de hacerla a dedo). Pero no me arrepiento de nada, de absolutamente nada, el echo de tener la posibilidad de conocer tu propio país, da el chance, a futuro, para mostrarle Chile a otras personas extranjeras, y eso es impagable. Sé que en un futuro haré Carretera Austral de nuevo, recorriendo todos los puntos principales que me faltaron. Esta vez me gustaría recorrerla en auto, algo así como con una Kombi, ¿El sueño de muchos, no?. Estoy agradecida de poder viajar, siento que a futuro seguiré viajando, ya sea sola o acompañada. Se puede… si uno se lo propone se puede, podemos viajar a donde sea, obviamente implica dinero, pero si sacrificamos algunas cosas y trabajamos duro, lo podemos lograr. Al fin y al cabo lo que nos queda cuando viejitos son los recuerdos y los buenos momentos de haber disfrutado durante nuestra vida, entre ellos nos quedan los recuerdos de los viajes y toda la experiencia que agarramos de estos.

Sigo diciendo que mi consejo es primero viajar lo que mas puedas dentro de tu país, y después viajar a otros. Y viajen lo que más puedan. Algunas veces me arrepiento
de no haber podido viajar más cuando pude, pero sé que tengo toda una vida por delante, y no es tarde para empezar a caminar de nuevo.

 

Texto y fotografías por Natalia Siebald
Invitada Especial

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